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Su vida es una vida de amor hasta morir de amor

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¿Quiere decir esta expresión que desea morir e ir al cielo para ver definitivamente a Dios, conforme explica San Juan de la Cruz en las canciones 11 y 12 del Cántico Espiritual, del alma totalmente enamorada de Dios, que, aunque sea una imperfección natural desea morir, la inflamación de amor tan ardorosa y enamorada le hace desear la muerte: máteme tu vista y hermosura? No hay que descartarlo. Cuando su madre le ha dado ya permiso para entrar en el Carmelo a los 21 años, escribe al canónigo Angles: “¡Oh, le quiero confiar una cosa! Si Usted supiese como tengo a veces nostalgia del cielo… Quisiera tanto irme allá arriba junto a Él. Sería feliz si me llevase consigo, aun antes de entrar en el Carmelo, porque el Carmelo del cielo es mucho mejor, y sería igualmente carmelita en el paraíso (Cta 55:19.5.1901). En otra del año siguiente le confiesa también a la Madre María de Jesús: “¡Oh, mi buena Madre, pensar que tenemos nuestro cielo en nosotros, ese cielo del que siento a veces la no...

Hasta morir de amor

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Esta expresión que repetida e insistentemente aparece en Isabel de la Trinidad en su Diario significa querer llevar la vida de amor hasta el martirio. No se contenta con amar, sino que quiere que su amor llegue hasta morir de amor, quiere el martirio del amor, que para ella es más deseado. Ella afirma también repetidas veces, su deseo, su anhelo de ser transformada en la imagen del Hijo de Dios, a lo que el Padre del cielo nos ha predestinado desde la eternidad, según nos dice San Pablo en su carta a los Romanos 8,29, texto que cita repetidamente, del Hijo de Dios, el Crucificado por amor, quiere llevar esta transformación al grado más alto posible. Quiere ser transformada en un amor total, cuya expresión suprema es la crucifixión. Ella quiere ser una humanidad suplementaria en la que el Verbo de Dios renueve su misterio, cuya cima y culmen es la crucifixión por amor. Transformación y renovación del misterio de Cristo que se va realizando día a día. Que por eso esta expresión h...

En el Carmelo

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Al desarrollar lo que entiende por ser esposa de Jesucristo, encontramos estas formulaciones: Ser esposa es tener todos los derechos sobre su Corazón. Es un diálogo para toda la vida… Es vivir con… siempre con… Es descansar de todo con Él y permitirle descansar de todo en nuestra alma Es no saber más que amar: amar adorando, amar reparando, amar rogando, pidiendo, olvidándose. Amar siempre bajo todas las formas Ser esposa es tener los ojos en los suyos, el pensamiento obsesionado por Él, el corazón todo cautivo, lleno, como fuera de sí y pasado a Él, el alma llena de su alma, de su oración, todo el ser cautivado y entregado. Ser esposa, esposa carmelita, es tener el corazón abrasado de Elías, el corazón transverberado de Teresa, su verdadera esposa porque cela su honor. En carta a Elena Centener, connovicia suya hasta su salida del Carmelo, el 21 de junio de 1902, le escribe: “Amar, amar en todo tiempo vivir de amor, es decir entregarse, ser su presa” (Cta 125: 21.6.1902). La...

Solo el amor 6 de 6

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Ante la propuesta de un casamiento que le ofrece su madre, un partido magnífico que no volverá a encontrar jamás, son admirables las palabras que pone en boca de Jesús, que no le abandone, que no le deje, que está tan abandonado… aunque le ofrece un camino de sufrimientos y trabajos y la respuesta de Isabel, cuyo corazón no es libre pues se lo dio al Rey de los Reyes y no puede disponer de él: “Sí, amor mío. Vida mía, Esposo amado a quien adoro, estate tranquilo. Estoy dispuesta a seguirte por ese camino de sacrificios” (D 124: 31.3.1899) “Te devolveré amor por amor, sangre por sangre, has muerto por mí, pues bien, yo moriré cada día a mí misma, cada día soportaré nuevos sufrimientos y un nuevo martirio. Y esto por ti, a quien tanto amo” (D 126: 31.3.1899) Ve su vocación al Carmelo como una prueba del inmenso amor de Jesús a ella. Pone en boca de Jesús: “No puedo darte una prueba mayor de mi amor, me ha dicho. Esta vocación está reservada a las almas más amadas de mi corazón” Y y...

Solo el amor 5 de 6

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En carta al canónigo Angles, le escribe que sabe a quién se ha confiado (2 Tim 1,12) y que lo único que desea es amarle a Él solo. “Solo pido una cosa: amarlo con toda mi alma, con un amor verdadero, fuerte y generoso” (Cta 38: 1.10.1900). En otra le dice: “¡Oh, cuánto amor! (de Dios para con ella) Pero esta palabra lo dice todo. Vivir de amor quiere decir que no se vive más que de Él, en Él y por Él. ¿No es esto tener ya en la tierra un poco el paraíso?” (Cta 55: 19.5.1901) Estas palabras son eco de las que no mucho antes escribió a Margarita Gollot, joven que se preparaba para entrar en el Carmelo, aunque luego no entró: “pero mientras quiera dejarnos en la tierra, amemos, amemos cuanto podamos, vivamos de amor, mi queridísima hermanita” (Cta 41: 18.3.1901) Un sermón, oído en la Misión, le despierta fuertemente el deseo de salvar almas, que lo tenía muy acendrado y escribe: “Mi corazón arde en el deseo de convertir almas. Esta idea me persigue aún en el sueño. No tengo un momen...

Solo el amor 4 de 6

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“! Oh, Jesús! ¡Mi vida, mi amor, mi esposo, ayudadme!... Jesús, buen Maestro, supremo amor, os inmolo mi voluntad, que sea una con la vuestra” (D 16: 24.2.1899) Pidiendo al Padre por la conversión de su vecino Chapuis le dice: Yo os ofrezco mi vida. Os la he ofrecido desde hace mucho en holocausto para consolar a mi esposo querido. Enviadme la muerte. Hacedme sufrir lo que queráis. ¡Ah! Eso es lo que deseo, pero dadme esta alma, dádmela para Jesús. Mi amor, mi vida, por Jesús cuya causa defiendo. Vos no podéis negarme nada pedido en nombre de esta Hostia, de esta víctima sublime. Por eso, en su nombre, yo, pobre y miserable criatura, me atrevo a levantar mis ojos hacia Vos, porque yo le amo hasta morir de amor…” (D 17:1.3.1899) Volviendo de la Catedral donde se había abierto la Misión, escribe: “¡Con qué fervor he rogado y suplicado al Dios todopoderoso por los pobres pecadores! ¡Cómo le he ofrecido el sacrificio de mi vida, a ejemplo de Jesús, mi esposo querido, por cuyo amor an...

Solo el amor 3 de 6

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Un aspecto que destaca en los escritos y en la vida de Isabel de la Trinidad es el amor de Dios a ella y de ella a Jesús. No quiere más que amarle y experimentar su amor. Al alma de Isabel podemos asomarnos a partir de 1899 que tenemos su Diario y sus Notas íntimas. En los que va desgranando con sencillez y libertad de espíritu las riquezas de su alma. Y la riqueza más preciosa es la del amor, solo el amor. En las primeras líneas del Diario leemos, ante lo mucho que le cuesta vencer su defecto dominante: tendencia a encolerizarse, cuando le hacen una observación injusta, “me parece como si la sangre hirviese dentro de mis venas; todo su ser se revela. Pero Jesús estaba conmigo. Sentía su voz en el fondo de mi corazón y entonces me sentía dispuesta a sobrellevarlo todo por amor” (D 1: 30.1.1899) Tres días después escribe: “Soy la esposa de Jesús… ¡Oh! Que me muestre siempre digna de mi esposo amado… y tenga la felicidad de demostrarle mi amor” (D 2.2.1899) No olvidemos que cuand...

SOLO EL AMOR 2 de 6

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El posromanticismo llena el ambiente en que se mueven sus años jóvenes y en el que ella sabe acompañar el sentimiento religioso de una firme voluntad, de una determinación muy determinada, de llegar hasta el fin del ideal presentido y de una decidida resolución a sacrificarse a sus exigencias, que son características del amor auténtico. Como dice María Bouverot, una amiga de los años de juventud: “Tenía un corazón muy sensible, un carácter alegre y ardiente”, y al mismo tiempo “se le notaba poseída totalmente por el Señor” (PO 283). Para Isabel escuchar a su corazón era obedecer a Jesús por amor a Él. Acerca de esta sensibilidad escribe a su amiga Margarita Gollot: “Tal vez soy demasiado sensible, querida hermana, pero me ha gustado mucho que me diga que soy la más querida hermana. Me gusta releer estas líneas” y al final de la carta le remata: “Querida hermana, déjeme pedirle una cosa: si me ve con otra , si todo la hace creer que yo la dejo, no lo piense nunca , pues no conocería...