Hasta pronto P. Román
Era diferente, había en ella algo especial, era la sonrisa del P. Román. Si, es el misterio resplandeciente de las almas que han aceptado el sacrificio y el sufrimiento hasta conseguir la virtud de ver a Jesús en todos los demás. Virtud que reúne a todas, y que la recomendaba muy encarecidamente, resumiendo así la Sagrada doctrina en el "amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo" Espíritu sencillo el del P. Román, de un auténtico carmelita, con un destacado y silencioso cumplimiento de todas sus obligaciones por pequeñas o grandes que fueran. Auténtico carmelita, que honraba a sus padres de Nazaret: María y José, y a los del Carmelo descalzo: Teresa y Juan, con inmenso respeto y cariño. Destacaba su continúo apostolado de San José, no creyéndome equivocar al considerar que un miércoles, día que le dedicaba muy especialmente, ingreso en el Hospital acompañado de un absolut...