SANTA TERESITA DESCUBRE SU VOCACIÓN EN LA IGLESIA (3 de 3)

 


Jesús déjame que te diga, en el exceso de mi gratitud, déjame que te diga que tu amor llega hasta la locura. ¿Cómo quieres que ante esa locura, mi corazón no se lance hacia ti? ¿Cómo va a conocer límites mi confianza?

Jesús, yo soy demasiado pequeña para hacer obras grandes…, y mi locura consiste en esperar que tu amor me acepte como víctima. Mi locura consiste en suplicar a las águilas mis compañeras con las propias alas del Águila divina, hermanas que me obtengan la gracia de volar hacia el Sol del amor con las propias alas del Águila divina.

Un día, así lo espero, Águila adorada vendrás a buscar a tu pajarillo y, remontándote con él hacia el Foco del amor, lo sumergirás por toda la eternidad en el ardiente Abismo de ese amor al que él se ofreció como víctima.

Al final, esta suplica Jesús. ¿Pero por qué estos deseos, Jesús, de comunicar los secretos de tu amor? ¿No fuiste tú, y nadie más que tú el que me lo enseñó a mí? ¿Y no puedes, entonces, revelárselos también a otros?

Sí, lo sé muy bien y te conjuro a que lo hagas. Te suplico que hagas descender tu mirada divina sobre un gran número de almas pequeñas… ¡Te suplico que escojas una legión de pequeñas víctimas dignas de tu AMOR…! 

Después de esta exposición quiero notar como santa Teresita va a buscar la respuesta de Dios en la Palabra de Dios, en las santas Escrituras. Jesús es su único Maestro y le habla en el Evangelio, en las Escrituras santas. Va con fe ciega y plena confianza. Abre al azar y la encuentra plenamente. La Palabra de Dios por medio de san Pablo la deja gozosamente tranquila y luminosamente alegre. Dios mío, Vos mismo me lo habéis señalado. Se trata de la respuesta de Dios a través de la Palabra escrita por el Espíritu Santo, que es vida. No hay que buscar más.

El escrito de santa Teresita sobre el descubrimiento de su vocación me trae a la memoria el relato de la conversión de san Agustín que él refiere en el libro VIII de las Confesiones. Sobre todo, por lo que se refiere al poder de la palabra de Dios en las Escrituras. Lo describe especialmente en el Párrafo Batalle decisiva: se ve y se palpa el debate que se desarrolla en su alma, en sí mismo: volver a Dios o seguir la fuerza de sus pecados pasado. Él dice que no podía ser célibe y se unió a varias mujeres. A su lado estaba su amigo íntimo Alipio. Me retenían frivolidades de frivolidades y vanidades de desatinados. La costumbre brutal agresiva me decía: ¿Qué crees que puedes vivir sin ellas?

Esta lucha provoca en él una lluvia de lágrimas y se aleja de Alipio y en pleno lloro dice al Señor y tan Señor: ¿Hasta cuándo Señor? ¿Hasta cuándo Señor, vas a estar eternamente enojado?  No te acuerdes, Señor, de nuestras maldades pasadas. ¿Hasta cuándo voy a seguir diciendo mañana, mañana?

De repente oye una voz de niño o niña que dice cantando: ¡Toma y lee! ¡Toma y lee! No recuerda haber oído una canción de este género e interpreta la voz como una llamada de Dios a que tome el códice y lea lo primero que le salga. Va a buscar el códice que había dejado junto a Alipio, lo cogí, lo abrí y en silencio leí el primer capítulo que me vino a los ojos: Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujurias y desenfrenos, nada de rivalidades y envidias. Revestíos, más bien, del Señor Jesucristo y no os preocupéis de la carne para satisfacer sus concupiscencias (Tom 13,13).  Al punto nada más acabar la lectura de este pasaje, sintió como si una luz de seguridad se hubiese derramado en mi corazón, ahuyentando todas las tinieblas de mi duda. Es el poder de la Palabra de Dios que en un punto aniquila las maldades y pecados pasados y alumbra las maravillas de un Dios Amor.

Alipio y Agustín se acercaron a la madre de este y le contaron todo lo que había sucedido y santa Mónica quedó convertida en purísimo gozo y alegría.

La certidumbre, inundante de paz y alegría, que origina la Palabra de Dios en las Santas Escrituras en el caso de santa Teresita y de san Agustín es digna de tenerse en cuenta. Hay en el Evangelio y en las Escrituras sentidos ocultos y respuestas inmediatas que solo se dan en ellos. Es lo que sentía santa Teresita cuando meditaba en los Evangelios durante la oración 

La importancia que tiene y da a los Evangelios y a la Biblia santa Teresita en su mensaje es una de las razones de que se hable de su valor “Ecuménico”. Sin saberlo, sin pretenderlo, siendo sencillamente lo que debía ser está indicando a los católicos una ruta, un camino, poniendo resueltamente el Evangelio en el centro de toda su vida, ha indicado a los católicos de nuestro tiempo, y, por lo mismo, a los cristianos no católicos encontrarse fácilmente en su espiritualidad. La fuerza de santa Teresita es no querer más que el Evangelio.

 

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