En el Carmelo (5 de 5)
Y significativo que
la carta que dirige a la Madre Germana de Jesús el 24 de septiembre de 1906 se
la escribe en nombre de la Virgen. Es como si la escribiese la misma Virgen
María. Isabel se ha identificado con los sentimientos de María. Y esta es la
carta:
Fue en mis brazos
donde Jesús al entrar en el mundo hizo su primera oblación al Padre y Él me
envía para recibir la tuya. Te traigo un escapulario, como prenda de mi
protección, y de mi amor, y también como una “señal” del misterio que se va a
obrar en ti. Hija mía, vengo para acabar “de revestirte de Jesucristo” (Gal.
3,27), a fin de que “camines con El”, vía real, camino luminoso; para que seas
enraizada en El “en la profundidad del abismo con el Padre y el Espíritu de
Amor; para que seas edificada sobre El”, “tu Roca” (Sal. 61,3), “tu Fortaleza”;
para que seas “confirmada en tu fe”, en esa fe en el Amor inmenso que del gran
Hogar se precipita al fondo de tu alma. Hija mía, este Amor todopoderoso hará
en ti grandes cosas. Cree en mi palabra. Es la de una madre y esta Madre se
estremece viendo la ternura particular con que eres amada. ¡Oh, permanece en tu
profundidad! He aquí que viene cargado de sus dones, y el abismo de su amor lo
envuelve como un vestido. ¡Es el Esposo!
¡Silencio!
¡Silencio!
¡Silencio!
P.
Román Llamas, ocd
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