En el Carmelo (3 de 5)
En carta al abate
Chevignard le dice que “quisiera responder, pasando sobre la tierra con la
Santísima Virgen, guardando todas estas cosas en mi corazón (Lc 2,19.51),
sepultándome por decirlo así, en el fondo de mi alma para perderme en la
Trinidad que mora allí, para transformarme en ella” (Cta 185: 28.11.1903)
En la misma carta le
dice que la Virgen es “aquella que fue tan plenamente la casa de Dios, en quien
ha depositado su deseo” (Cfr Cta 179 y P 75)
Al mismo le propone
a la Virgen como introductora en la plenitud de Dios. “Acerquémonos, como usted
me dice, a la Virgen toda pura, toda luminosa, para que ella nos introduzca en
aquel que ella penetró tan profundamente” (Cta 165: 14.7.1903)
En otra le dice que
estará unida a él durante el mes de mayo en el alma de la Virgen y en ella
adoraremos a la Trinidad, y en ella “Yo contemplo también mi vida de carmelita
en esa Virgen-madre (como María). Idea que encontramos también en Teresita en M
y P: Jesús mi bien amado.
En el día que
precede a su ordenación sacerdotal, (29 de junio de 1905), le recuerda la
condición sacerdotal de la Virgen María con estas altísimas palabras: “Usted
puede cantar su Magníficat con la Virgen y exultar en Dios su Salvador, porque
el Todopoderoso hace en usted grandes cosas (Lc 1,49) y su misericordia es
eterna (Sal 135,1). Además, como María, conserve todo esto en su corazón (Lc
2,19.51), acérquele al suyo, pues esta Virgen sacerdotal es también “Madre de
la divina gracia”, y, en su amor, ella quiere prepararle a ser ese sacerdote fiel
enteramente según el corazón de Dios (1 Sam 2,35), de que él habla en la
Sagrada Escritura” (Cta 232:25.6.1905)
P.
Román Llamas, ocd
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El misterio de la
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Virgen fiel
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Puerta del
cielo
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de los mártires
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