En el Carmelo (2 de 5)
Con ocasión de
mandarle la pequeña estatua de la Virgen de Lourdes que Isabel había dejado a
su madre al entrar en el Carmelo y que tuvo en el claustro durante el adviento
le dice: “Mi querida madrecita: Ahí envío a la Santa Virgen que quiere ir
contigo para expresarte todos los deseos de tu Isabel. Hoy te lleva todo su
corazón. He pasado con esta querida estatua días deliciosos en la intimidad de
nuestra celdilla... Me ha dicho tantas cosas…Ya verás lo viva que es. Ella
viene a llenar el vacío de tu soledad, diciéndote los secretos de la
unión. Jesús, María se ¡querían tanto!
Todo el corazón del uno se derramaba en el otro” (Cta 188: 31.12.1903).
Pienso, que sin la
estatua siguió viviendo la misma vida de interioridad íntima confiada en María.
En carta a su
hermana Guita del 16 de julio de 1906 le dice: “Hoy te he consagrado a la
Santísima Virgen junto con tus angelitos. ¡Oh, jamás la he amado tanto! Lloro
de alegría al pensar que esta criatura totalmente serena y luminosa es mi
Madre, y me alegro de su hermosura como un niño que quiere a su madre. Siento
una inclinación tan fuerte hacia ella. La he puesto como Reina y Guardiana de
mi cielo y del tuyo, pues hago todo por las dos” (Cta 298: 16.7.1906)
P.
Román Llamas, ocd
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