JESÚS MAESTRO (2 de 3)


En la poesía 94 que titula “Amar”, leemos: Vengo hermanas mías, de Betania / donde al Señor he encontrado / La hermana Inés que me había acompañado / sentía derretido el corazón. / Sí, muy inefable era ciertamente / prepararle un festín, / mientras el Maestro adorable nos ofrecía un divino banquete. / Era el banquete del amor / en el que Jesús se da a sí mismo, / pues su bondad siempre se adelanta / si al alma que le busca y que le ama; / en la medida de su fe / ella se llega al soberano Rey” (P 94 inicio)

Al abate Chevignard le escribe: “¿No tiene usted esta pasión de escucharle? A veces es tan fuerte esta necesidad de callarse que desearía no saber hacer más que permanecer como Magdalena, esa bella figura de alma contemplativa, a los pies del Señor, ávida de escucharle, de penetrar cada vez más profundamente en ese misterio de Amor que ha venido a revelarnos. ¿No le parece que, en la acción, al cumplir el oficio de Marta (Lc 10,38-42) el alma puede permanecer siempre en adoración, sepultada como Magdalena en la contemplación, estando junto a la fuente como una sedienta? Así concibo yo el apostolado tanto para la carmelita como para el sacerdote” (Cta 158:24.2.1903). Esta es la actitud de Isabel de la Trinidad. (Puede verse Ctas.124,147,150,164).

P. Román Llamas ocd

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