EL JESÚS DE SANTA ISABEL DE LA TRINIDAD (4 de 5)
“Yo
me glorío en la cruz de Jesucristo (Gal 6,14). Estoy clavado con Cristo en la
Cruz (Gal 2,19). Y todavía: Sufro en mi cuerpo lo que falta a la Pasión de
Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia (Col 1,24). La Reina está en pie a su
derecha (Sal 44,11). Tal es la actitud de esta alma: ella camina por la ruta
del calvario a la derecha de su Rey crucificado, aniquilado, humillado y, sin
embargo, tan fuerte, tan sereno, tan lleno de majestad que va a la pasión “para
hacer brillar la gloria de su gracia”, según la expresión de San Pablo (Ef
1,6). Él quiere asociar a su esposa su obra de redención. Y esta vía dolorosa
por dónde camina le parece la ruta de la felicidad; no sólo porque conduce a
ella, sino porque el Maestro santo le hace comprender que debe pasar por lo que
hay de amargo en el sufrimiento para encontrar con él su reposo, como Él” (UE
13. P.151)
Esta
presencia de Jesús en los momentos de su Pasión aparece destacada en su
enfermedad. En carta al canónigo Angles le escribe: “¡Oh!, cuánto aprecio el
pensamiento de San Pablo que me ha enviado. Me parece que se realiza en mí,
tendida en esta camita, que es el altar donde me inmolo al Amor. ¡Oh!, pida que
el parecido con la Imagen adorada sea cada vez mayor!: configuratus morti ejus.
Esto es lo que me persigue sin cesar, es lo que da fuerza a mi alma en su dolor.
Si usted supiera la obra de destrucción que siento en todo mi ser. Es el camino
del Calvario que se ha comenzado y estoy muy contenta de caminar como una
esposa al lado del divino Crucificado. El 18 cumpliré veintiséis años. No sé si
este año se acabará en el tiempo o en la eternidad. Le pido, como un hijo a su
padre, que tenga la bondad de consagrarme en la santa Misa.
P. Román Llamas ocd

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