Modelo de vida (1 de 3)
No hay fiesta o
título de María que no esté presente en los escritos de Isabel de la Trinidad:
la Inmaculada. La Asunta, la Dolorosa, la Virgen del buen consejo, Lourdes…
No dedica muchos
párrafos a María, pero suficientemente nítidos y expresivos, como para poder
afirmar que María está muy presente en la vida de Isabel, como punto de
referencia después de Cristo y con Él, como el mejor espejo, como la mejor
“alabanza de gloria de la Trinidad”: hija del Padre, madre del Hijo y esposa
del Espíritu Santo.
Las relaciones de
amor de Isabel con la Trinidad se expresan en una adoración silenciosa y en una
generosa oblación, en una perenne alabanza y en una ininterrumpida acción de
gracias. Al clérigo Chevinard no cesa de indicarle la misión de la Virgen de
introducir las almas en la intimidad divina y de realizarla en su hijo querido.
(Cta 165, las palabras citadas ala comienzo)
En María ve
retratada la vocación de la carmelita contemplativa. María es el alma del Carmelo
y de Isabel para transformarse y perderse en el amor de los Tres, contempla y
se conforma con María: “¡Oh adorable misterio de caridad! Querría
corresponderos, pasando sobre la tierra como María, guardando todas estas cosas
en mi corazón, enterrándome, por así decirlo, en el hondón de mi alma para
perderme en la Trinidad que allí mora, para transformarme en ella”
P.
Román Llamas, ocd
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publicaciones:
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3)
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