En el Carmelo (1 de 5)


El Carmelo es todo de María. El amor y la devoción a la Virgen María es elemento del carisma teresiano. No se puede dar una carmelita que no sea enamorada de la Virgen. Isabel de la Trinidad es una prueba de ello. Su devoción a la Virgen se desborda. Habría que traer muchos pasajes de sus cartas en que habla de María. Voy a recoger sólo algunos. Le dice a Germana de Gemeaux: “Pide a la Reina del Carmelo, nuestra Madre, que la enseñe a adorar a Jesús en el recogimiento profundo. Ella ama mucho a sus hijas del Carmelo, su Orden privilegiada. Es también nuestra Patrona principal” (Cta 136: 14.9.1902).

De su devoción a la Virgen hablan hechos tan sencillos como estos. Le dice a su madre en una carta: “Hoy he adornado un altarcito de la Virgen que está en el antecoro. Mientras colocaba las flores a los pies de esta buena madre del cielo, le hablaba de ti. La he pedido que recoja todas estas flores, haga un hermoso ramillete y te las lleve de parte de tu Isabel” (Cta 87: 14.8.1901).

En carta a sus tías Rolland se nota la satisfacción con que le cuenta una procesión con la Virgen celebrada en el Carmelo (Cta 216: 30.12.1904)

La vida de intimidad con la Virgen María, su actitud de amor y diálogo con ella y el conocimiento amoroso en que esta devoción sincera y sentida le ha introducido son realmente admirables.


P. Román Llamas, ocd



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